El amor en tiempos de redes sociales

Comentarios desactivados en El amor en tiempos de redes sociales 0

Si pudiera pensar en cuál es su deseo más profundo, siempre será, de un modo u otro, el de ser feliz. Amar y ser amado. Pero, ¿cómo se puede conocer a alguien y construir una relación sana y sostenida en el tiempo en esta era de redes sociales? Dos buenas preguntas para hacerse cuando está conociendo a alguien es qué expectativas tiene al respecto y cuál es la intención de ese vínculo. No solo en relación a esa persona que está conociendo, sino en general, respecto al amor y a la vida en pareja. Reconocer sus propios objetivos le va a permitir un primer gran filtro respecto a lo que puede esperar de una persona y de una relación y no generar falsas expectativas en el otro, porque no va a ser igual la manera de relacionarse si busca un “touch and go” que si está buscando una pareja a largo plazo.

JUNTOS PERO SEPARADOS
En esta era de redes sociales surgen también nuevos modelos de relación, salpicados por una época de transformaciones y virtualidad, que hacen que la misma vorágine los lleve a la inmediatez: en el amor, en las parejas, en los vínculos, etc… Nunca en la historia de la humanidad los seres humanos pudieron relacionarse tan rápido y tan inmediatamente con otros que estuviesen literalmente en la otra punta del globo terráqueo. Hoy con un click se puede ver qué está pasando en China en este momento. Ahora, si eso es posible, ¿por qué no pensar que también está cambiando la manera de relacionarse con quienes tiene al lado? En esta época abunda el malestar por virtualidades: “me clavó el visto, me eliminó de sus contactos, o lo veo en línea, pero no me habla…” Hoy las parejas se demuestran amor de una forma muy diferente que hace sólo algunos años atrás, incluso también difiere el compromiso. En los bares se ven parejas que, durante una hora completa (60 minutos de su tiempo), no se miran a los ojos, no pueden dejar de estar en contacto, pero no justamente con quien tienen del otro lado de la mesa, sino con sus teléfonos celulares. Conectados a sus redes, pero lejos de la conexión real, la que los enfrenta en la mirada, la que les recuerda que no son ni tan felices, ni tan perfectos, como en las redes sociales.

RELACIONES VIRTUALES
Los romances e infidelidades, los desengaños y la pasión han tomado otra forma. Se intenta en las redes sociales el match ideal, el príncipe azul o la princesa de los cuentos de hadas: perfectos, idealizados, sin errores y sin demasiada humanidad imperfecta al alcance de la mano. Hombres y mujeres que sueñan y creen fervientemente haber encontrado al amor de sus vidas en tierras virtuales, sin conocerse aun, pero elegidos en ese gran catálogo online que ofrecen las redes sociales. Pero, ¿el espacio virtual facilita o complica la vida amorosa? Es difícil de decir, pero definitivamente es un hecho que ha cambiado. El amor en tiempos de redes sociales satisface necesidades, llena espacios, ayuda a que mucha gente que es tímida o muy vergonzosa tenga la posibilidad de conocer a otra persona que acompañe sus días. Esto no significa que esté bien o mal la red social como única posibilidad, sino que es una estrategia, una herramienta más para poder conocer los alcances del amor virtual. Hay un estudio muy interesante en Francia que indica que el 35 por ciento de las parejas agarra su celular inmediatamente después de hacer el amor. Casi un tercio de la gente que conoce, cuando termina de tener relaciones sexuales, se conecta con sus 500 amigos virtuales y no con la persona que tiene al lado. Cerca, pero lejos, condenados a la soledad detrás de las pantallas que ofrecen una satisfacción inmediata, el alivio instantáneo a la incertidumbre del ¿y ahora qué? (qué hago, qué digo, cómo sigo).

CREAR SU PROPIA REALIDAD
En las redes sociales puede jugar a ser quien no es o quien no se anima a ser en la vida real. Puede mentir, fantasear, crearse un personaje e incluso borrar a alguien “de su vida” inmediatamente. Se relaciona con sus propios personajes como si fuesen reales y hace que cobren vida, que tengan sus propios amigos y su propia red social, su nombre, apellido, alias y hasta un lugar físico donde vivir. Es una comunidad donde los estímulos abundan, donde se resguarda rápidamente de los conflictos del amor y donde los duelos no tienen que doler (quien haya sufrido una pérdida seguramente tenga un amigo que con toda su buena predisposición le pudo haber dicho algo del estilo: “dale, no llores, hay más gente ahí afuera esperando por vos”). Las redes posibilitan saciar el hambre de estímulos en una cultura que propicia a las apariencias, a la vida en pantalla donde se muestra como en una góndola de supermercado, donde sus temores no necesitan ser exhibidos. Nadie tiene un “dislike” en Facebook, porque todos muestran su lado más sensitivo, más hermoso y perfecto. Y si un duelo duele, entonces, de nuevo, recibe un corazoncito y otro “dale, no llores”.