¿Sabes cómo usar la gemoterapia?

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Todas las gemas que conocemos tienen en co­mún una estructura molecular estable, que las hace vibrar en perfecto equili­brio constantemente. Una gema puede volver a equilibrar una disfunción energética o incrementar la energía psí­quica si se la aplica en forma adecuada. Ese es el principio de la Gemoterapia, disciplina de sanación holística a través de las piedras.

La terapia con gemas, cristales y minerales tiene sus raíces en la medicina ayurvédica, de la India, con tratamientos que datan de miles de años de antigüedad. Fue desarrollándose de la mano de los alquimistas, médicos y científicos, así como de los místicos y meditadores.

Actualmente, hay tratamientos corporales que utilizan piedras volcánicas y de otro tipo para com­plementar un masaje o conseguir efectos concretos. Muy valoradas por su vibración energética son las piedras semipreciosas y en algunos casos preciosas, que se aplican sobre el cuerpo, especialmente en los chakras para armonizarlos y generar tanto bienestar físico como emocional.

Usadas para ornamentación, en joyería, magia, rituales y terapias sanadoras, las piedras, comunes o gemas, siempre han irradiado misticismo y belleza, será por eso que difícilmente puedan pasar des­apercibidas en nuestro entorno.

Una medicina energética

Lo que habitualmente conocemos como gema o piedra semipreciosa es una roca o material mineral que al cortarse y pulirse se puede usar en joyería, ornamentación o con fines terapéuticos. La mayoría de las gemas son de origen mineral, más concreta­mente son cristales de minerales que se formaron a lo largo de miles de años en las profundidades de la cor­teza terrestre. Pero no todas las gemas tienen un origen inorgánico.

Hay gemas, que poseen una génesis animal, como el coral que proviene de esqueletos de caliza de algunos pólipos, o la perla que está formada por las secreciones que excretan los moluscos bivalvos cuando pretenden recubrir un objeto extraño. Otras son de origen vegetal, como el ámbar que es una resina fosilizada hace miles de años.

Cada una de estas pie­dras absorbió durante milenios energía terrestre (un cristal de 8 a 9 cm de largo por 2 ó 3 de ancho tardó en su formación alrededor de 10.000 años). También recoge y acumula energía cósmica luego de ser remo­vida de su lugar de origen y separada de su geoda (piedra donde se ha originado y multiplicado).

Cuando son extraídas de las entrañas de la tierra y puestas en contacto con los seres vivos pueden transmitirles toda esa energía acumulada. Lejos de ser material inerte, se trata de receptá­culos de energía vital procedente de la naturaleza.

Cómo se utilizan

Para tener una cierta capacidad terapéutica la gema que elijamos debe estar mejor en bruto, o apenas pulida. Su tamaño para aplicar en el cuerpo depende de qué gema se trate pero se recomienda que por lo menos tenga entre 3 y 5 cm de diámetro o largo.

Pueden colocarse piedras en el ambiente, como limpiadores o amplificadoras de la energía. Para ello se recomiendan los cuarzos: transparentes o blancos, los ahumados, las amatistas y los rosados.

Otra opción es hacer una meditación y colocar a la altura del corazón o la frente una piedra pequeña, que ayuda a relajar la mente y obtener así mayor profundidad en la práctica.

Hay mucho más de gemoterapia, pero con estos datos ya puedes elegir una gema y comenzar a relacionarte con esta apasionante disciplina.