Instagram y Google, claves para dar con el menor que impulsaba un suicidio masivo

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Aportaron datos que permitieron, en 72 horas, “geolocalizar” en San José al adolescente entrerriano que lideraba el grupo internacional que planeaba suicidarse. Los menores también usaban WhatsApp.
Se conocieron por Internet cuando participaban de un juego en red. Él, un adolescente argentino de 16 años, convenció a una chica que vive en la ciudad de Rentería, en San Sebastián, España, de sumarse a un grupo de Instagram que tenía un nombre que en el alfabeto cirílico significaba suicidio. Y era justamente el plan que tenían los menores involucrados: protagonizar un suicidio masivo. Hasta tenían la fecha pautada, el 17 de agosto pasado.

Pero el plan quedó desbaratado después de una investigación de detectives de la División Delitos Cibernéticos contra la Niñez y la Adolescencia de la Policía Federal y la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (Ufeci), a cargo de Horacio Azzolin.

El organizador del plan, que se hacía llamar “Tutor”, es el chico que invitó a la adolescente española a sumarse al grupo. Tiene 16 años y vive con su madre en una humilde casa en San José, una localidad de Entre Ríos cercana a la ciudad de Colón.

Por lo menos, según fuentes con acceso al expediente, eran cinco los adolescentes que iban a participar del plan, pero no descartan que el número hubiese sido mayor. El caso recuerda lo que en mayo pasado sucedió con el juego de la “ballena azul”.

La investigación empezó cuando la madre de la adolescente española descubrió mensajes que le llamaron la atención en el teléfono celular de su hija. La mujer hizo la denuncia ante la policía vasca, que empezó una investigación y determinó que la chica recibía mensajes desde la Argentina.

“Los mensajes daban cuenta de un grupo de chicos medio depresivos. Los adolescentes, que se autoflagelaban, se habían conocido por medio de un juego en red. El plan era suicidarse el 17 de agosto pasado porque era el aniversario de la muerte de una amiga de uno de los integrantes”, informó una calificada fuente del caso.

Incógnita

Todavía no se pudo descubrir cómo pensaban llevar adelante el plan, pero en los mensajes uno de los participantes del grupo se refería a cuchillos y otro, a consumir clonazepam. El menor que se hacía llamar “Tutor” en su perfil de Instagram tenía 1500 seguidores.

“Este caso fue muy importante porque puso a prueba nuestros sistemas de investigación cuando se trata de causas en que hay riesgo de vida. También demostró la validez de las redes de cooperación que tenemos con fiscalías de otros países”, afirmó Azzolin.

Una vez que una fiscalía del País Vasco se comunicó con la Ucefi, empezó la investigación. Fue el 8 de agosto pasado. Faltaban nueve días para la fecha cuando, según los mensajes en Instagram, se iba a concretar el plan. En 72 horas, los detectives policiales y los investigadores de la Ucefi pudieron ubicar al adolescente de 16 años que vivía en San José.

Según una fuente de la Policía Federal, una vez que ya habían iniciado los contactos por medio de Instagram también se comunicaban por chats de WhatsApp.

Los investigadores argentinos sostuvieron que contaron con una rápida colaboración de los responsables de Instagram y Google para poder localizar desde dónde se enviaban los mensajes.

“Se pudo geolocalizar que los mensajes salían de computadoras con IP en la ciudad de Colón y desde la localidad de San José, pero al principio se hizo difícil obtener la dirección exacta porque la persona que se identificaba como «Tutor» usaba redes de Wi-Fi de lugares públicos y comercios”, recordó una fuente de la investigación.

Finalmente, el 11 de agosto pasado, seis días antes de la fecha fijada para concretar el plan, los detectives de la Policía Federal, con una orden firmada por el juez en lo criminal y correccional porteño Omar Fente y con colaboración de la psicólogos de la fuerza, allanaron el domicilio del adolescente.

En la vivienda del chico, que ahora es asistido por el Consejo Provincial del Niño, Adolescente y Familia (Conaf) de Entre Ríos, se secuestraron material y soportes tecnológicos de valor para la causa.

Una instigación que recuerda a la “ballena azul”

En mayo pasado, un juego del que sólo hablaban hasta ese momento los chicos captó la atención del mundo adulto. A través de las redes sociales y WhatsApp, los adolescentes recibían la invitación a participar de la “La ballena azul”.

Algunos países empezaron a investigar quiénes estaban detrás de la propuesta para sumarse a un grupo cerrado de participantes que sólo conocían al líder a cargo de plantearles 50 retos, uno por día y cada uno con un mayor nivel de dificultad.

Los desafíos incluían desde pasar 24 horas sin hablar con nadie, ver películas de terror durante un día, despertarse de madrugada o autolesionarse, incluido tallarse en la piel con un objeto filoso la silueta de una ballena. De acuerdo con lo que trascendió entonces en algunos de los casos que se investigaron, el último paso era el suicidio.

Se le atribuyeron a la propuesta más de 130 muertes en Rusia, donde apareció hace algunos años.

Cuando este año se empezó a investigar la relación de la iniciativa con algunos intentos de suicidio juvenil en países de América latina, también hubo quienes afirmaron que el juego, en realidad, no existía.

Sin embargo, las invitaciones a sumarse seguían llegando a los celulares y las computadoras de adolescentes. En Brasil, las familias que denunciaron que sus hijos jugaban a la “ballena azul” fueron amenazadas.

Fuente: La Nación