Además, el CDC también recomendó que los cazadores no disparen ni manipulen la carne de ciervos o alces que parezcan enfermos o actúen de forma extraña. Aunque es importante tener en cuenta que incluso los ciervos que parecen saludables podrían tener la enfermedad, puesto que pueden pasar años antes de que aparezcan los síntomas.

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La tripofobia (trypo- proviene del griego y significa puntada o perforación) es una condición en la que una persona experimenta un miedo o aversión a grupos de pequeños agujeros. Se desencadena cuando se contempla un patrón de agujeros minúsculos agrupados, provocando diversos síntomas, como miedo, disgusto y ansiedad.

La cuestión es que aunque el término tripofobia se utiliza desde 2009, ya no existe como fobia. No está actualmente reconocida por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría y ahora un estudio publicado en la revista PeerJ ha identificado la causa real de este malestar analizando las pupilas de un grupo de voluntarios.

¿Qué desencadena la tripofobia?

Las esponjas, las burbujas de jabón, los corales, los panales, la condensación de agua, las colmenas, las fresas, las granadas, los ojos agrupados como ocurre con los insectos (ojos individuales agrupados en un conjunto funcional u ojo compuesto como los de una libélula), etc.

Según la investigación, dirigida por Stella Lourenco de la Universidad de Emory en Atlanta (EE. UU.), el temor a los patrones irregulares o grupos de pequeños agujeros, parece ser impulsado por el disgusto en lugar del miedo.

¿Por qué ocurre la tripofobia?

Los investigadores quisieron abordar los factores fisiológicos y psicológicos de esta rara fobia (que ya no es tal). Según Lourenco “este fenómeno, que probablemente tiene una base evolutiva, puede ser más común de lo que pensamos”.

Tanto el miedo como la repugnancia imparten una ventaja evolutiva: el miedo nos ayuda a evitar a los depredadores, mientras que el disgusto nos aleja de comer alimentos podridos, por ejemplo. Estas emociones negativas son ciertamente compañeras psicológicas, pero también son entidades distintas.

Con los años, las similitudes y diferencias entre el miedo y la repugnancia se han debatido hasta la saciedad. Ahora se sabe que las respuestas fisiológicas son diferentes: el miedo activa el sistema nervioso simpático y el disgusto desencadena el sistema nervioso parasimpático.

El estudio fue diseñado para identificar si el sistema nervioso simpático o parasimpático desencadenaba una reacción tripofóbica. Para ello utilizaron la pupilometría. La pupilometría, que es una técnica de seguimiento ocular que mide el tamaño y la reacción de la pupila, permite a los científicos vislumbrar la fisiología detrás de la emoción. Trabajos anteriores habían demostrado que una respuesta de miedo induce un aumento en el tamaño de la pupila mientras que, a la inversa, el disgusto hace que disminuya el tamaño de la misma.

Usando este conocimiento, los investigadores mostraron a los participantes tres conjuntos de imágenes: animales amenazantes (arañas y serpientes), imágenes usualmente desencandenantes de tripofobia y fotografías de control (tazas, mariposas…).

Tras el análisis quedó claro que tanto las imágenes de animales peligrosos como los patrones tripofóbicos desencadenaron una respuesta. Sin embargo, no eran la mismo: las imágenes de serpientes y arañas causaban un aumento en el tamaño de la pupila, mientras que las imágenes de agujeros causaban el decrecimiento de las pupilas.