La inflación no cede y el gobierno evalúa cambiar de plan

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El gobierno nacional comienza a evaluar nuevas estrategias ante la inflación que no cesa y que está lejos de las metas del Ejecutivo.

Es que, si no consigue resultados hasta mediados de años, buscaría poner en marcha medidas más directas emparentadas con el “intervencionismo” que pregona Elisa Carrió.
Según la visión de la legisladora, el alza del Índice de Precios al Consumidor (IPC) tiene en la Argentina más que ver con los “formadores de precios” que con las teorías y los libros escritos fuera del país sobre cómo manejar y frenar la inflación.

Por ello, según el diario Ámbito Financiero, puertas adentro de Cambiemos hay una disputa de “monetaristas vs. formadores”.

Según los primeros, la inflación en la Argentina es culpa de la emisión monetaria, de la cantidad de pesos que circula en el mercado y de la velocidad de las transacciones. Y mientras en el país el déficit fiscal continúe en niveles superiores al 2% del PBI, (para este año, según las proyecciones del Ministerio de Hacienda de Nicolás Dujovne sería sensiblemente menor al 3%), no debe esperarse otra respuesta que una presión importante en el alza de la inflación. Aceptan en esta teoría que hay impactos necesarios como la suba de las tarifas de los servicios públicos y los aumentos en las naftas y que por este motivo el IPC mostró un incremento tan importante en el primer trimestre, y continuará en la misma senda (o peor) en abril. Siguiendo esta lógica defendida en viernes en público por Dujovne, la inflación bajará en mayo y cuando se anuncien el 14 de junio los datos de ese mes, se confirmará que la variable está en baja y que no habrá problemas en lograr en diciembre atenuar la gran preocupación de Macri: una inflación anual de menos de 20%.

Los “formadores” comparten parte de la visión “monetarista” (especialmente en el capítulo alza de los servicios públicos”, pero consideran que, en parte, la estrategia peca de optimista, y no tiene en cuenta factores criollos que fomentan el alza de precios. Carrió y el radicalismo, los principales defensores de esta visión dentro de Cambiemos, piden considerar también a las conductas culturales de los privados como factores inflacionarios, incluyendo a muchas de las grandes compañías productoras de alimentos, bebidas, artículos de limpieza, textiles, etc. Incluyen además a varios oligopolios o, directamente, monopolios, en el fenómeno, especialmente a productores de insumos para la fabricación de algunos bienes.

Ya Carrió había embestido con su teoría en mayo de 2016 durante el debate de una fallida ley antidespidos, asegurando que “los formadores de precios se humillaron con Guillermo Moreno y se desataron con la libertad”, agregó que “Arcor y Molinos Río de la Plata tienen que bajar los precios” y le pidió “a la sociedad que no compre las primeras marcas que suben los precios”, apuntando en ese momento contra Arcor y Molinos. Según la legisladora se trataba de dos compañías que en su momento se habrían sometido a los dictámenes de Moreno y habían aceptado, sin discutir, sus políticas de controles de precios y de cierre de mercados. Esta actitud se habría mantenido luego con Augusto Costa en la Secretaría de Comercio y recién cuando Mauricio Macri triunfó en las elecciones presidenciales estas compañías habrían dejado de obedecer al kirchnerismo, siempre según la visión de la legisladora. Carrió avanzó luego en firme y presentó su propio proyecto de ley de Defensa de la Competencia, que es el que ahora el gobierno piensa desenfundar como “Plan B”.

La diputada sigue siendo (como desde sus inicios en la política), crítica con los empresarios y la falta de apoyo de los privados con el Gobierno de Mauricio Macri. Habla de “formadores de precios” y “carteles” y mencionó sectores concretos: los súper e hipermercados, los más importantes fabricantes de alimentos y bebidas, los de productos de consumo masivo, materiales para la construcción, insumos básicos y los exportadores de productos primarios. Comenzando por la empresa que tendría el monopolio de los envases para mantener los productos envasados en el largo plazo. Como se dijo, el problema que tiene esta embestida es que el resto del Ejecutivo no cree en la visión de Carrió, y siguen confiando en la estrategia clásica de baja de la inflación vía políticas monetarias restrictivas, presión sobre el déficit y acciones del Banco Central.