Bienestar y calidad de vida para una longevidad próspera y saludable

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El aumento de la expectativa de vida ha llevado a que después de la jubilación, lejos de iniciarse el camino del “retiro”, se abran las puertas a una nueva vida. Esta puede transformarse en una etapa de pérdidas y limitaciones o en un período de plenitud, en el que se pueda llevar a cabo todo aquello que las exigencias y obligaciones no permitieron hacer anteriormente.
Esto depende de distintos factores como la situación de salud, los recursos disponibles y la personalidad, entre otros. Pero a la hora de prevenir enfermedades y llevar adelante una vida plena y satisfactoria hay algunas claves que son fundamentales. Por ejemplo, tener una actitud positiva, cultivar relaciones sociales saludables y adoptar un estilo de vida que lo aleje del estrés y lo conecte con aquello que disfruta.
Es una etapa en la que se trata de diseñar y desarrollar una nueva agenda. Tiene de su lado la sabiduría, la experiencia y el conocimiento adquirido a lo largo de los años. La idea es aprovecharlo a su favor y poner ese recorrido en valor.

Tips para desarrollar una vida plena después de los 60
Existen programas destinados a personas próximas a jubilarse o mayores de 60 años que promueven la incorporación de estrategias para mantener una rutina activa y equilibrada para transitar exitosamente esta etapa de la vida. Algunas de las pautas para lograr una longevidad saludable son:
Derribar prejuicios: resulta necesario resignificar mitos e ideas preconcebidas asociadas a esta etapa vital.
Incorporar nuevos hábitos: estar abierto a nuevas propuestas no laborales en la vida cotidiana lo ayudará a poder construir una rutina activa y equilibrada.
Aprovechar el tiempo para uno: una buena decisión es elegir ocupar el tiempo que antes se dedicaba al trabajo o al cuidado de los hijos, con ocupaciones que signifiquen algo para cada uno. Se trata de viajar, participar en actividades culturales, recreativas, adquirir nuevos aprendizajes, realizar actividades de voluntariado solidarias, pasar tiempo con la pareja, los nietos o los amigos. Lo importante no es “matar el tiempo”, sino aprovecharlo en experiencias que tengan sentido en la vida personal.
Estimular el cerebro: desarrollar nuevos hábitos e intereses que contribuyan a mantener la agudeza mental debería ser uno de los objetivos en esta nueva etapa para tener una mejor calidad de vida. Hablamos aquí de actividades que no sean tan fáciles como para no implicar ningún desafío, pero que no sean tan difíciles como para frustrarnos o estresarnos. Algunas buenas ideas pueden ser aprender un nuevo idioma, a tocar un instrumento, a bailar, a cuidar una huerta o a incorporar el uso de nuevas tecnologías. En definitiva, se trata de proponerse encarar todo aquello que le despierte interés personal y que sea diferente a lo que el “piloto automático” de cada uno está acostumbrado a hacer.
Entrenar el cerebro: el paso de tiempo suele afectar algunas funciones cognitivas tales como la velocidad de procesamiento, la memoria reciente y la capacidad de encontrar las palabras con igual rapidez. En ese sentido, el entrenamiento de las funciones mentales es un factor protector frente a estos problemas.
Hacer actividad física: mover el cuerpo como parte de la rutina, por ejemplo, con una caminata diaria de 30 minutos, previene la depresión, aumenta la sensación de bienestar, mejora la calidad del sueño, previene la diabetes y otras enfermedades y disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular y de accidentes cerebro vasculares. Los beneficios son múltiples y así lo reportan los estudios científicos: prevención de enfermedades, disminución del deterioro cognitivo, mejoras en el funcionamiento del metabolismo y también en el estado de ánimo.
Crear vínculos: uno de los factores para experimentar bienestar se relaciona con el establecimiento de lazos positivos y duraderos. Los vínculos perdurables y auténticos afectan de forma positiva las funciones psicológicas, fisiológicas y de comportamiento. Tener un sentido de pertenencia a algún grupo y cultivar la amistad es un escudo contra la soledad, la depresión y la ansiedad. El apoyo social, igual que el optimismo, cumplen un rol protector para la salud.
Prevenir: conductas preventivas y la construcción del bienestar constituyen la mejor manera de optimizar la calidad de vida y evitar el desarrollo de enfermedades. Promueven la posibilidad de llevar adelante una vida activa y feliz. El envejecimiento próspero, activo y saludable, involucra a la salud física, mental y social. ¡A trabajar en las tres áreas entonces! ¡Y cuanto antes se empiece, mejor!