Cómo saber si su terapia es efectiva

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Psicoanálisis,cognitivismo, Gestalt, sistémica, etc… la oferta es amplia a la hora de elegir desde qué postura ideológica trabajar como paciente y con qué tipo de abordaje profesional uno siente que puede modificar o encontrar aquello que ha ido a buscar en un espacio terapéutico.
Dentro del ámbito de la psicología existen diferentes marcos teóricos, que a su vez cuentan con distintas metodologías de trabajo. Pero lo que todas poseen en común es el objeto de estudio: el ser humano y, más aún, todas buscan, de una manera u otra, modificar una situación de malestar, angustia, una actitud ó conducta que no está siendo efectiva para el bienestar de la persona. Pero ¿qué pasa cuando un paciente siente que la terapia no le es efectiva? ¿O hace años que se encuentra “trabajando” sobre lo mismo y no observa cambios o resultados diferentes desde el momento en que hizo la primera consulta? ¿Cuáles son las condiciones indispensables para que una terapia funcione?

EL PROCESO TERAPÉUTICO 
La persona que consulta a un especialista llega a un espacio terapéutico con ciertos síntomas que le generan malestar, imposibilidad de hacer cambios o alcanzar determinados objetivos. Observar la gravedad de ese síntoma puntual, lo urgente, es lo principal. No es lo mismo acudir a un profesional de la salud mental con ataques de pánico, fobias que le están impidiendo al paciente llevar adelante su rutina de vida habitual, que un paciente que consulta por la necesidad o el deseo de realizar determinados cambios en su vida. Al determinar lo urgente de la situación y abordar el síntoma, se definirá luego cómo continuar el proceso terapéutico a llevar a cabo. Claramente es importante que los síntomas desaparezcan o, para ser más realista, que se atenúen, pero también es importante detectar las causas.
Si se trabaja sobre la raíz se podrá arribar a un cambio o modificación genuina y sostenible en el tiempo de aquellas conductas o modalidades de funcionamiento que no estarían siendo sanas para el paciente. Esto implica revisar cuestiones profundas que tienen que ver con la historia de cada uno, que fueron condicionando la vida de cada individuo.
Revisar el pasado, las raíces, las bases o los paradigmas y esquemas mentales que se acarrean, no significa quitarse la responsabilidad de lo que uno es, ni mucho menos victimizarse y posicionarse en un lugar pasivo y sin posibilidad de accionar. Todo eso, aunque no haya sido elegido por la persona, forma parte de la vida del sujeto, le pertenece, lo quiera o no. Justamente allí radica uno de los mayores desafíos. En primera instancia el hecho de poder apropiarse de lo que a uno le pertenece, aunque no lo haya elegido, para después sí decidir qué hacer con ello.
Sea cual sea el marco teórico y metodológico con el que se trabaje, la finalidad de modificar una situación de sufrimiento y malestar es común a todos y para eso siempre es importante revisar qué es aquello que hay que modificar y trabajar en consecuencia.

CIERRE DE ETAPAS
La duración de los tratamientos dependerá de varios factores y justamente el tipo de abordaje que se utilizará, es uno de esos. Las terapias que sólo apuntan a “quitar” el síntoma tendrán una duración más acotada, mientras que las que apuntan a trabajar sobre la raíz de la problemática y abordan en profundidad el malestar, requerirán de más tiempo, lógicamente para hacer un trabajo efectivo. Esto no implica que una terapia tenga que ser interminable.
En vez de hablar de “cura”, podríamos particularmente mencionar el término “cierre de etapas” en el momento en que se decida concluir un proceso terapéutico, teniendo en cuenta que el ser humano no es fijo ni inmutable y está en constante movimiento y cambio. Por ende, los motivos que pueden llevar a una consulta a los 20 años no van a ser necesariamente los mismos que llevarán a una consulta a los 50.

UNA ALIANZA DE TRABAJO
Un factor clave para llevar a adelante un proceso terapéutico es que brinde los resultados que el paciente y terapeuta han acordado (implícita y explícitamente), que haya una buena alianza de trabajo entre paciente y terapeuta. Ambos tienen el derecho de elegir con quien trabajar y llevar adelante este proceso que (más largo o más corto) requerirá de confianza y esfuerzo por parte de ambos.
Es de vital importancia entender que no hay terapeuta que pueda, si no hay paciente que quiera. Es el deseo del paciente el motor fundamental para que una terapia funcione. Obviamente, no es el único: la capacidad, formación e idoneidad del profesional son fundamentales para llevar adelante un buen trabajo en el marco de una terapia, pero sigue siendo el principal factor, el deseo del paciente de trabajar en sí mismo todo lo que sea necesario para estar mejor, para que una terapia pueda dar buenos frutos.